Martes 21 de Noviembre de 2017
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Editoriales
Publicado: 24-08-2017

De la división al desconcierto

Una manifestación opositora al Gobierno en el confeso comienzo de un proceso de desestabilización electoral del oficialismo.
EDITORIALES.- Hugo Moyano al lado de la izquierda sindical, de los gremios kirchneristas y de las organizaciones sociales de desocupados y trabajadores informales. Una imagen que parecía posible sólo en la ficción política. Sin embargo, ayer ocurrió esa paradoja histórica.

Una manifestación opositora al Gobierno en el confeso comienzo de un proceso de desestabilización electoral del oficialismo. El 25 de septiembre, menos de un mes antes de las elecciones legislativas del 22 de octubre, el congreso confederal de la central obrera se reunirá para fijarle una fecha a otro paro nacional. Eso sucedió en el distrito donde un 65% de los votantes apoyaron en las primarias del 13 del actual las políticas fundamentales de Mauricio Macri (Martín Lousteau, que obtuvo un 15% de los votos, hizo una campaña vecinal sin grandes críticas al gobierno nacional, y Elisa Carrió cosechó cerca del 50% de los sufragios capitalinos).


La escenografía, los acotados incidentes entre camarillas sindicales (clásicos de estas concentraciones), el caos del espacio público capitalino y el dramatismo de los discursos terminarán dejando sin trabajo a Jaime Durán Barba. ¿Para qué necesitaría el Gobierno un intelectual de la estrategia electoral si los adversarios hacen todo lo que pueden para arrimarle más votos al oficialismo? Los acontecimientos de ayer exhibieron, más que cualquier otra cosa, el grado de fragmentación y de confusión que existe en el gremialismo. De hecho, casi ninguno de los históricos caciques de los sindicatos más grandes estuvo presente, con la excepción casi huidiza de Andrés Rodríguez, líder de los empleados públicos.

Fuentes oficiales estimaron que la concurrencia osciló entre los 50.000 y los 70.000 asistentes, aunque los organizadores aseguraron que hubo muchos más. Sea como fuere, lo cierto es que las agrupaciones que movilizaron más gente fueron las organizaciones sociales, que tienen poco y nada que ver con la central obrera. Las organizaciones sociales vienen reclamando una ley de emergencia alimentaria. La ley de emergencia alimentaria es rechazada por el gobierno de Macri porque la considera innecesaria y porque, además, significaría un mal mensaje al exterior. La Argentina es uno de los principales productores de alimentos del mundo.


También tuvo protagonismo ayer la izquierda más radical, la que cultiva ideas trotskistas, como el Polo Obrero y el Frente de Izquierda y los Trabajadores. Es un caso extraño, porque las comisiones internas que militan en esos partidos son los grandes enemigos de los dirigentes sindicales de la CGT. El caso más reciente es el del Sindicato de la Alimentación. Su líder nacional, Rodolfo Daer (hermano de Héctor, uno de los tres secretarios generales de la CGT), firmó el acuerdo con Pepsico para el cierre de la planta de Florida. El acuerdo significaba indemnizaciones extraordinarias y la reabsorción de algunos trabajadores en otras plantas de la empresa. Sin embargo, la comisión interna, controlada por la izquierda, hizo de ese cierre un estandarte nacional de la "política liberal" y de la "destrucción de empleo" por parte de Macri. Ayer concurrieron al acto con la bandera del cierre de Pepsico en Florida como una de sus principales protestas.

Tanta contradicción merece un esfuerzo de interpretación. La conducción cegetista está atenazada, por un lado, por el riesgo de una reforma laboral, que el Gobierno anuncia sin precisar a qué se refiere. Cualquier cosa que se parezca a una modificación del statu quo sindical produce en el acto una reacción volcánica en el universo gremial. La administración sólo aclaró que la mayor parte de esa reforma consistirá en abaratar el costo laboral, pero los jefes sindicales temen que la mano macrista hurgue en las obras sociales o en el aporte obligatorio de los trabajadores a la financiación de los ricos y poderosos sindicatos argentinos. Juan Carlos Schmid, el moyanista que conduce la CGT y que fue ayer el único orador del acto, lo insinuó casi sin disimulo.

Por otro lado, esa dirigencia sindical, ya con signos evidentes de fatiga, está presionada por la creciente izquierda en el liderazgo directo de los trabajadores. La inverosímil solución que encontraron fue dictarle a Macri su política económica. Pidieron ayer el control de los precios, que es una receta "morenista" y kirchnerista, pero no macrista. Esa presión entre una supuesta reforma laboral "liberal", como ellos la definen sin conocerla, y la tenacidad de la izquierda trotskista provoca en la cúpula cegetista una insoportable sensación de vacío inminente. Temen que esos datos sean el presagio del final de una época para los viejos barones del sindicalismo, ya sea que tal remate venga por izquierda o por derecha.

¿Qué hacía Hugo Moyano entre la izquierda sindical y la trotskista, entre Barrios de Pie y la Corriente Clasista y Combativa? Desde sus inicios en el gremialismo Moyano navegó por los cauces de la derecha peronista. Hugo Moyano suele decir que el Sindicato de Camioneros lo controla ahora uno de sus hijos, Pablo. Pero todos, el Gobierno incluido, sostienen que eso no es cierto. El verdadero jefe de los camioneros (uno de los pocos líderes queridos por sus bases, debe admitirse) es Hugo, y no Pablo. Una vez, cuando Hugo Moyano era secretario general de la CGT, le preguntaron si el Sindicato de Camioneros lo manejaba él o su hijo. "Yo, sin ninguna duda", contestó. Podría responder lo mismo ahora.

Moyano tiene dos problemas que son más personales que políticos. El primero de ellos es la situación de OCA, la empresa de correos que fue de Alfredo Yabrán. OCA atraviesa una crisis terminal. Le debe $ 4000 millones a la AFIP. El Sindicato de Camioneros tiene como afiliados a 7000 trabajadores de OCA. Funcionarios oficiales han notado un extraño giro dialéctico en Moyano cuando habla de OCA. Usa la primera persona del plural. "Nos están sacando los clientes", dice, por ejemplo. Se refiere a que el Gobierno está intentando hacer rentable el Correo Argentino y, en efecto, le disputa clientes a OCA. ¿Tiene Moyano algún interés personal en la propiedad de OCA? Es un viejo rumor que nunca fue confirmado, aunque la situación de esa empresa privada de correos lo llevó a sentarse frente a Macri.

El otro problema de Moyano es lo que él llama el "encuadramiento sindical", que no significa otra cosa que cooptarles afiliados a otros gremios, por lo general también grandes. Uno de esos conflictos está abierto ahora con el gremio gastronómico de Luis Barrionuevo. ¿Querrá afiliar a su sindicato a los mozos porque trasladan bandejas? Se queja también porque el gobierno de Macri es bastante refractario a autorizar nuevos sindicatos. Durante la gestión de Carlos Tomada se autorizaron 1500 nuevos gremios. El ministro de Trabajo de Macri, Jorge Triaca, autorizó sólo seis. Los pequeños sindicatos, casi insignificantes, son lo que terminan cediéndoles el poder a los grandes caudillos gremiales.

La confusión en el sindicalismo es claramente perceptible por sus métodos más que nada. Llamaron a un congreso confederal para convocar a la manifestación de ayer. Aprovecharon la manifestación de ayer para convocar a otro congreso confederal para establecer la fecha de un paro nacional. De ese modo incursionan en un camino que no tiene regreso, aunque la mayoría se arrepienta luego. Es probable que nada cambie. No hay nada como un gobierno no peronista para provocar la paranoia y el drama del sindicalismo argentino.
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